Big Data en Salud

Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, los españoles hemos presenciado con asombro las dificultades a las que se enfrentaban las autoridades ya no sólo para hacer frente a la expansión del virus y atender a los pacientes, sino para poder contabilizar las personas contagiadas e incluso los fallecidos. En mi opinión esto no se debe a que nuestro sistema sanitario sea peor que el de otros países, pero sí a que existe una necesidad de reestructuración y de cambio de los modelos hasta ahora establecidos.

Aunque no lo parezca, uno de los motivos de esta situación ha sido la limitación en el tratamiento de los datos personales. Con esto no quiero decir que la normativa de protección de datos suponga un freno, pero sí que por mucho que sea importante proteger los derechos fundamentales de las personas, es necesario que, en ocasiones, se renuncie a parte de estos derechos particulares en favor del Bien Común.

Hoy en día, una buena parte de la medicina se puede basar en la analítica de datos. Nuestro sistema sanitario dispone de múltiples fuentes de datos heterogéneas que arrojan gran cantidad de información que el sistema actual no es capaz de procesar. Mediante el uso de técnicas de Big Data se podrían aplicar modelos predictivos que permitirían anticiparse a las necesidades sanitarias y prestar una atención médica más eficiente. Esto no sólo resultaría de gran utilidad en la lucha contra la actual pandemia, sino en general, al ayudar en la toma decisiones médicas y de gestión, lo que redundaría en un mejor servicio de salud.

 

La solución no sólo pasa por una reorganización, cambio cultural y una inversión en tecnología y personal técnico formado, sino también por la concienciación del ciudadano como paciente. Muchas de las iniciativas que han ido surgiendo para el rastreo de contagios han sido rechazadas de plano por la opinión pública y vistas como una oportunidad de intromisión en la vida privada del ciudadano en lugar de apreciar el valor de las mismas como herramienta de lucha contra la enfermedad. La misma AEPD, en nota de prensa del 26 de marzo, se posicionó considerando que la normativa de protección de datos no puede ser un obstáculo para las medidas adoptadas por la autoridad competente siempre que los datos personales no se destinen a finalidades distintas al propio control de la epidemia.

 

Me gustaría destacar para terminar lo dispuesto en el noveno Considerando de la Directiva Open Data: El empleo inteligente de los datos, incluido su tratamiento a través de aplicaciones de inteligencia artificial, puede tener un efecto transformador en todos los sectores de la economía. Esperamos que su transposición al ordenamiento jurídico español ayude a abordar desafíos como el que ahora nos ha planteado el COVID-19 mediante el desarrollo de soluciones innovadoras que aumenten la eficiencia del sistema nacional de salud.

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 María de la Rica Ortega

Consultor de Helas Consultores