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EL CLINIC AMENAZA CON IR AL JUEZ POR LA PERDIDA DE DATOS DE TRASPLANTES

Para descubrir cómo pudieron llegar a la calle los documentos confidenciales de los trasplantados entre 1998 y marzo de 2007 -hallados en la madrugada del lunes tirados junto a un contenedor de basura situado a 300 metros del hospital-, la dirección abrirá una investigación integrada por miembros de la asesoría jurídica del centro, los servicios de seguridad y el comité de historias clínicas. El Clínic, que pedirá "excusas personalizadas" a los 173 enfermos afectados por la negligencia, está siendo investigado, además, por un equipo de la Agencia Catalana de Protección de Datos.

Según Josep Brugada, director médico del Clínic, los documentos tirados en la calle -que desde hace año y medio explicitan que son de uso confidencial y restringido- sólo pueden estar en manos de los "profesionales del comité de trasplantes, integrado por médicos, anestesistas, cirujanos, enfermeras y médicos residentes". Brugada explicó que el Clínic sigue "estrictos" protocolos de seguridad para destruir información confidencial, como el uso de contenedores cerrados, precintados y certificados que son filmados hasta que se destruye su contenido. Pero al margen de estos mecanismos, insistió, el centro no puede "controlar qué hacen los médicos con los documentos que manejan". "No somos la CIA ni un campo de concentración", añadió Belenes.

La directora de la Agencia Catalana de Protección de Datos, Ester Mitjans, coincide con los responsables del hospital y alerta de la dificultad de custodiar este tipo de información. "El problema de la mayoría de los hospitales españoles es la gran cantidad de papel que la legislación obliga a preservar". Estos documentos, advierte, todavía tienen que "cumplir su función sanitaria" y sólo deberían acceder a ellos "las personas autorizadas".

Así sucede, explicó Brugada, en las reuniones semanales del comité de trasplantes. Sus miembros imprimen algunas páginas de los listados de los pacientes para hacer un seguimiento de cada uno de ellos de manera "más cómoda". Y no se usa un sistema de números cifrados que impidan la identificación del enfermo "para humanizar al máximo la asistencia" y porque en esas reuniones "es necesario saber de quién se está hablando".