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LOS DATOS PERSONALES DE LOS CIUDADANOS

Llegados a la hartanza de que les importunen a través del teléfono a hora de descanso, de la sobremesa; al móvil a través de mensajes cortos (SMS), a través de los mensajes de correo electrónico (email), o de cualquier medio de transmisión habitual, utilizando las variopintas tecnologías. Hartanza de ofrecimientos de electrodomésticos, pólizas de seguros, jabones y otros de cosmética además de músicas y culturas. El márketing electrónico directo se ha concebido como el medio indiscutible e infalible para llegar al consumidor más rápido. Y ahora en tiempos de crisis económica las empresas utilizan medios impensables para conseguir listas de contactos, correos electrónicos, a través de redes sociales y de cualquier medio de información para contactar con los ciudadanos y ofrecerles sus productos al mejor precio. No se da tregua a los sistemas de captación a través de compras de listas impresionantes de datos de personas al precio que sea, algunas a precios bajísimos y otras en cambio si proceden de fuentes de operadoras de telefonía o de algún fichero gubernamental, son de costes impensables e inimaginables.

Pero la cuestión es que los ciudadanos, y debido a esta "invasión" de llamadas y formas de contacto, están tomando conciencia de ello. De hecho no muy poca gente cuando llama alguien de alguna casa comercial por teléfono ya preparan su pregunta ¿De dónde ha sacado usted mis datos? Con la consecuente colgada de llamada por parte del llamante. Ésa es la pregunta que debemos realizar todos los ciudadanos. Es deber y obligación de todas estas empresas que se dedican a la actividad de marketing electrónico, o telefónico advertir al ciudadano de donde proceden los datos (que es un deber citado en la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales) para establecer la primera relación comercial y que por supuesto, el ciudadano deberá consentir esta conversación o no, asimismo oponerse a que le vuelvan a seguir llamando. Ésta es la práctica correcta, pero por desgracia no lo es. Y debería de serlo. Imagínese que mañana se levanta por la mañana y acude a un establecimiento que usted no frecuenta, y le diga el dependiente, "buenos días" y le llame por su nombre y le pregunte cómo le va el dolor de espalda. Lo primero que haría seguro es preguntarle: ¿Usted me conoce de algo? Y el otro, el dependiente, le responda que lo sabe y punto. Seguramente lo de "buenos días" fue un desliz al escribir..- (lo pondremos como errata).

Y otro caso es mas común a las 16.00 horas, y el señor o la señora, disfrutando de su sobremesa al hilo del drama televisivo, suena el teléfono, y cuando descuelga, se produce una voz de acento indeterminado saludándole por su nombre y apellidos, y que sabe que usted es un consumidor habitual de música popular, y sin respirar le dice que tiene una oferta inigualable de un conjunto de compact discs del trío popular de moda; y paso seguido no le deja ni rechistar, y le ofrece un adhesivo para la dentadura postiza, y luego un pendrive para grabar su música favorita… Ahí precisamente es donde habría que decirle que como le vuelvan a llamar sin su consentimiento les denuncia... pero "¿a quién?", si el número aparece desconocido,... o sin número. Cuando realmente lo legal es que el llamante debe siempre identificarse. En fin, ésta es la casuística más habitual. Luego hay otras. Las de correos electrónicos. Al menos en un fin de semana entran hasta 30 ó 40 ofreciendo soluciones para todo tipo de problemas relacionados con el aparato reproductor masculino... y femenino. ¡Lo último! ¿Como sabía el Mark Pinkerton que tenía cierta necesidad en mis bajezas? Porque eso sí que todos los nombres del email son foráneos. También otros con nombres más latinos como Marcus Amabilis, con servidor de correo electrónico en la India o en Pakistán. A lo mejor, pensando que en Canarias y España se habla el latín,... hasta allí se venden las listas de contactos. La venta de contactos se suele realizar bien por hackers o en la mayoría de los casos por empleados despechados de empresas de telemarketing, que a pesar de haber firmado un pacto de confidencialidad, se copian o se autoenvían listas inmensas de correos electrónicos para otra empresa.

Los comerciales hispanoparlantes de oriente y oriente próximo, cobran mucho más que los angloparlantes. Por ello cuando expiran sus contratos, los renuevan vendan lo que vendan. Están bien cotizados. Otra razón es cuando otra empresa les ofrece más dinero, también les piden que traigan sus bases de datos de clientes, pagando un precio ridículo por ellas, pero le resuelven la vida a una familia durante un tiempo determinado.

Cuando alguno de nuestros lectores dejen sus datos en formularios en papel, en internet, en cualquier lugar sea oficial o no, deben tener en cuenta que estén citados los derechos que amparan al ciudadano en lo que se refiere a Protección de Datos Personales, y por supuesto que se cite tácitamente el derecho a Acceder, Rectificar, Cancelar u Oponerse a sus datos personales, tal y como se cita en la Ley 15/1999 de la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales, indicando claramente para qué van a ser utilizados sus datos y quién es la empresa responsable de ello, y por supuesto dónde debe ejercer el ciudadano este derecho. Gratuitamente. Ni sello postal ni costes añadidos de transporte. Los Organismos Públicos, sea cual sea, también tiene la obligación de especificar este particular, precisamente porque son las instituciones públicas las que deben de dar ejemplo al resto de las empresas.