EL CIUDADANO DEBE SER MÁS RESTRICTIVO AL DAR SUS DATOS

Pregunta . ¿Cuál es el cometido de la Agencia Vasca de Protección de Datos?
Respuesta. Se trata de proteger la intimidad de los ciudadanos. Nuestro cometido es que las administraciones respeten los aspectos formales de la Ley de Protección de Datos, es decir, que creen normas regulando sus ficheros, que las publiquen en el Boletín Oficial, que las registren en la Agencia de Protección de Datos y que hagan un documento de seguridad. Eso hay que cumplirlo, pero, desde mi punto de vista, eso no supone nada en protección de datos. Lo importante es explicarles a los funcionarios cómo tienen que trabajar con esos datos e informar a los ciudadanos de sus derechos y cómo ejercitarlos. La Agencia está para controlar que las cosas se hagan bien, para sancionar si se hacen mal y, sobre todo, para intentar que las administraciones y los ciudadanos sepan cómo actuar.


P. ¿Por qué es necesaria una agencia así a nivel autonómico?

R. Es bueno que haya una agencia en la comunidad autónoma por la proximidad que eso supone para el ciudadano. Se trata de un órgano de control que está muy próximo a las administraciones que debe vigilar. La competencia de la agencia es sobre la Administración general vasca, las diputaciones forales, los ayuntamientos, corporaciones de derecho público y todo el entramado institucional, desde el Ararteko hasta el Parlamento. Los ficheros de titularidad privada son competencia de la Agencia Española.


P. ¿Los ciudadanos conocen sus derechos?

R. No, la verdad es que no. Hasta hace poco tiempo, el ciudadano veía la administración como un ente cerrado donde no merecía la pena meterse, pero los datos que tiene la administración o la empresa privada son suyos [del ciudadano]. Hay que mentalizar a la sociedad.

 

P. Sin embargo, el celo actual por reservar los datos choca con la cultura imperante, donde cualquiera aparece en la televisión contando todos los entresijos de su vida privada.

R. Sí, es una contradicción aparente. Por un lado, todo el mundo quiere tener su minuto de gloria en televisión y contar su vida con todo tipo de detalles, desde la salud a la economía. Y sin embargo, la ley le protege para que no ofrezca esos datos, para que se cuide esa información.


P. Uno de los temas que más controversia ha generado en Euskadi en relación con la protección de datos es la centralización de historias clínicas a través del sistema Osabide. ¿Es un sistema seguro?

R. Los datos sobre salud son especialmente protegibles, hipersensibles. Las instituciones están sometidas a un control muy riguroso. ¿Qué pasó con Osabide? Hubo problemas para configurar el servicio y explicar cuál era el proyecto. El documento de seguridad del sistema Osabide es uno de los más importantes que ha visto la Agencia Española de Protección de Datos. En ese documento se explican los niveles de acceso, de archivo y de control que hay para acceder a los diferentes sitios y la trazabilidad que se deja; es decir, el rastro que deja alguien que se ha movido por el sistema. Es un programa fiable, lo que no significa que no haya que estar vigilantes, porque después intervienen personas. Si falta sensibilidad, si no tienen cultura en materia de protección de datos, pueden cometerse errores. La seguridad nunca es total. Se trata de buscar el equilibrio entre la intimidad de los ciudadanos y el desarrollo tecnológico.


P. Con la Ertzaintza también se ha suscitado un problema, al negarse los sindicatos a dar los datos de sus afiliados a Interior para llevar a cabo las elecciones sindicales y otorgar los delegados de acuerdo con la afiliación y el sufragio universal. ¿Cómo ve este conflicto?

R. La pregunta que hay que hacerse es: ¿par

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